Sepan cuantos este blog leyeren —ya sean curiosos de la pluma estudiosos de las letras o simples caminantes del ancho mundo digital— que he decidido hoy ocupar mi humilde juicio en referir la extraña y maravillosa aventura acontecida en los reinos de la Baraja Española, donde moran caballeros, damas y figuras de tan gallarda presencia que, si el gran Amadís, el bravo Belianís o el ingenioso Quijote las vieran, quedarían suspensos y maravillados.
Cuenta la crónica que en aquellos días el poderoso Repóker, señor de sombras y tahúres desalmados, pretendió torcer el orden natural de las cosas, mancillando la justicia y quebrantando el equilibrio que por siglos rigió en aquel tablero. Mas no contó el malvado con que el destino —ese misterioso escritor oculto— había de convocar, uno tras otro, a los más esforzados héroes del mazo.
Salió el primero el As de Copas, caballero de sonrisa astuta y ánimo festivo, que con su trébol mágico deshace engaños y esclarece tinieblas. A su lado la valerosa Sota de Bastos, doncella de recio corazón, brazo presto y bastón firme, hermosa en la batalla y sagaz en el consejo.
No faltó tampoco el Caballo de Oros, montura viviente que galopa con más brío que el viento y que acude, siempre que se le llama, donde la honra peligra y la justicia yace herida. Y tras ellos, con pasos tan cautos como constantes, el prudente Repollo, criatura modesta que, aunque de verde faz y humilde raíz, guarda en su seno más coraje del que imaginar pudieran príncipes y reyes.
Juntos, y con no pocas pruebas de ingenio, bravura y camaradería, acometieron la gran empresa de restaurar el orden quebrantado por el altivo Repóker, cuyas tretas eran tantas como hojas tiene el bosque en mayo. Hubo batallas donde las sombras parecían gigantes, lances donde el ingenio valió más que el hierro, y episodios tan cómicos que harían reír al mismísimo Sancho Panza en sus ratos de buen humor.
Mas al fin —que toda aventura, por grande que sea, halla su término— venció la luz a la tiniebla, y el tablero quedó en paz. Y de aquel suceso nació una nueva esperanza: que los héroes de la Baraja puedan servir no sólo a su reino, sino a muchos otros, extendiendo su ejemplo por tableros, mundos y mazos incontables.
Así queda dicho para memoria de los venideros, y como testimonio de que aún hoy existen historias que, con nobleza antigua y gracia moderna, dignas son de los cantares de caballería.
—Superdavitm,
Cronista del Multiverso y Caballero