En un lugar del escenario, cuyo nombre no es menester recordar, apareció un hombre armado no de lanza ni adarga, sino de voz, ánimo y micrófono. Llamábanle Karaokerman, y traía por empresa cantar los viejos cantares de Joe Cocker, que son música de entraña, garganta y verdad. No fue este lance cosa menor, pues no cualquiera osa enfrentarse a tales tonadas, que piden al cantor más alma que técnica y más coraje que adorno. Y así, con paso firme y sin temer al quiebro de la nota ni al temblor del pecho, dio principio al canal llamado Stardream Karaoke, que nace no para burla liviana, sino para honrar a los clásicos como se honra a los viejos caballeros: combatiendo a su altura. https://youtube.com/@norastardream Cantó Karaokerman no como quien imita, sino como quien interpreta, que es mayor hazaña. Y en cada verso se oyó el eco de aquellos tiempos en que la música no pedía permiso para doler ni para alegrar, sino que entraba en el pecho como verdad desnuda. Sepan, pues, los curiosos,...