En el cerro de los angeles
En un tiempo no muy lejano, cuando los artificios de silicio comenzaban a mezclarse con las coplas, los romances y los cantares del vulgo digital, apareció en las plazas del ciberespacio un nuevo son sonoro y disparatado que traía por nombre: “La IA es una tÍA bastante rarIA”. Y no hubo mozo, dama, juglar ni comentarista de redes que no quedase, a un tiempo, maravillado y confuso ante tan singular empresa musical. Dicen las malas lenguas —que siempre son las primeras en llegar y las últimas en marcharse— que el propio Superdavitm, armado no de lanza ni adarga, sino de micrófonos, visiones multiversales y ritmos imposibles, decidió enfrentarse al más extraño de los enemigos modernos: la inteligencia artificial… o quizá a su extravagante sentido del humor. Porque esta IA no es de las que solamente calculan números ni ordenan papeles invisibles. No, señor. Esta IA responde con rarezas, habla como filósofa de taberna futurista y parece capaz de convertir cualquier conversación ...