En el cerro de los angeles
: Crónica de un forajido tan temido como aplaudido, escrita por el cronista de la pluma andante, en el Blog G de Caballerías. En los verdes y nublados parajes de la Inglaterra antigua, donde la niebla danza con los robles y los caminos susurran leyendas, moraba un hombre de figura altiva y mirada encendida, cuyo nombre resonaba en tabernas y castillos con igual mezcla de temor y fascinación: Dick Turpin , caballero de sombra y pólvora, ladrón de caminos y espíritu indómito. No fue Turpin un caballero según los cánones del sacrosanto Amadís, ni se le vio en corte alguna rindiendo armas ante reyes ni emperatrices; mas sí montaba su corcel —llamado Black Bess— como si de Rocinante se tratara, cruzando los campos y calzadas con el estruendo de una causa que sólo él entendía. Y aunque su espada fue pistola, y su escudo el antifaz de la noche, no faltó quien le pintase con tintes de leyenda, robando a los ricos y burlando a los alguaciles con el arte que sólo los pícaros de cora...